1815 (III): El Ocaso del Rayo
En este cierre de 1815, narramos los meses finales de José María Morelos y Pavón. Desde la desesperada travesía para proteger al Supremo Congreso hasta el cerco fatal en Temalaca. Analizamos el contexto internacional de la Santa Alianza en Europa y el fracaso de la diplomacia insurgente en Estados U
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La Caravana de la República
Al llegar el último tercio de 1815, la insurgencia novohispana atraviesa una transformación crítica. Aquel torrente armado que alguna vez sitió Cuautla y amenazó las puertas de las capitales provinciales ya no es un ejército de masas en ofensiva territorial.
Es, en esencia, un aparato de Estado itinerante que se bate en retirada continua. El Supremo Congreso Mexicano, surgido de las sesiones de Chilpancingo, junto al Supremo Gobierno Ejecutivo y el Supremo Tribunal de Justicia de la Nación —institución formalmente instaurada en marzo en Ario de Rosales—,
se ven constreñidos a un penoso éxodo a través de los desfiladeros de Michoacán. El objetivo de esta marcha es alcanzar la plaza de Tehuacán, en Puebla,
donde los mandos insurgentes esperan reorganizar la defensa y establecer un cuartel general dotado de una retaguardia geográfica más favorable. Sin embargo, la comitiva es sumamente vulnerable.
José María Morelos, relegado de la dirección ejecutiva por las resoluciones del propio Congreso pero mantenido como su principal salvaguarda armada, asume la jefatura de la escolta. Dispone de una fuerza que ronda el millar de hombres armados,
pero una gran parte de este contingente está compuesta por milicianos mal pertrechados cuya prioridad absoluta no es entablar combate, sino vigilar la marcha de los dignatarios civiles.
La comitiva no solo traslada personas; lleva consigo el patrimonio documental y político de la naciente República. En mulas y carretas se transportan los sellos oficiales, las prensas tipográficas, la correspondencia diplomática y los manuscritos originales de la legislación emanada de la Constitución de Apatzingán.
Cada jornada de avance representa un desafío logístico mayúsculo a través de terrenos abruptos, ríos crecidos y cañadas profundas. Los espías del virrey Félix María Calleja, diseminados por todas las poblaciones del centro y sur del virreinato, envían partes constantes señalando la lentitud y el desgaste del convoy.
Calleja, un militar metódico cuya reputación se cimentó en la sangrienta contienda contra los primeros líderes insurrectos, comprende que la destrucción de esta comitiva no constituiría una simple victoria táctica, sino la estocada final a la legitimidad institucional del movimiento.
En mayo de aquel mismo año, las autoridades de la Real Audiencia y del virreinato habían ordenado quemar en plazas públicas los ejemplares impresos del Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana,
declarando reos de alta traición a cuantos respaldaran dicha norma. Capturar a los legisladores y suprimir a Morelos significaba borrar de golpe el orden legal alternativo.
El Mundo se Cierra: La Santa Alianza y la Restauración
Mientras los insurgentes mexicanos subsisten al borde de la aniquilación en los montes del sur, en el continente europeo el panorama geopolítico experimenta una restauración radical. Con la derrota inapelable de Napoleón Bonaparte en la batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815 y la conclusión de las deliberaciones del Congreso de Viena,
las dinastías tradicionales se reúnen para redibujar las fronteras del continente y cerrar el ciclo de transformaciones políticas iniciado con la Revolución Francesa en 1789. El 26 de septiembre de 1815, los monarcas de Austria, Rusia y Prusia suscriben en París el tratado de la Santa Alianza.
Este documento, imbuido de una retórica teocrática, compromete a los soberanos a prestarse asistencia mutua para reprimir cualquier brote de liberalismo, constitucionalismo o rebelión popular que amenace el orden monárquico legítimo. En este esquema de equilibrio de poder ideado por estadistas como Klemens von Metternich, no existe margen alguno para reconocer a las nacientes repúblicas hispanoamericanas.
Para el Imperio español, encabezado por el restaurado Fernando VII, esta atmósfera internacional resulta propicia. Aunque la diplomacia española exhibió escaso peso en las deliberaciones de Viena debido a su postración económica y militar,
el principio general de la Restauración favorece la preservación de la soberanía dinástica en Ultramar. Los líderes de las grandes potencias coinciden en ver las insurrecciones americanas como focos de insubordinación jacobina que deben ser extinguidos para consolidar la paz global.
El aislamiento exterior de la causa novohispana se vuelve prácticamente absoluto. En los círculos cortesanos europeos, los emisarios o simpatizantes de las provincias disidentes son invariablemente ignorados.
Los canales comerciales y marítimos continúan bajo la férrea supervisión de potencias que, tras más de dos décadas de agotadoras guerras napoleónicas, priorizan la estabilidad comercial y el cese de los experimentos revolucionarios por encima de los reclamos de emancipación colonial.
La Puerta Cerrada en Washington
Frente al cerrojo impuesto en Europa, el Congreso insurgente intentó una vía alterna en el hemisferio norte. El canónigo José Manuel de Herrera fue acreditado como representante diplomático con la instrucción de trasladarse a los Estados Unidos, conseguir apoyo financiero,
reclutar oficiales y obtener el reconocimiento formal para la República mexicana instaurada en Apatzingán. No obstante, la administración del presidente James Madison se hallaba concentrada en solventar las secuelas de su propia contienda.
Tras la firma del Tratado de Gante y la conclusión definitiva de la guerra anglo-estadounidense de 1812 a principios de 1815, Washington buscaba restablecer su comercio exterior y estabilizar su hacienda pública. Madison no estaba dispuesto a arriesgar una crisis diplomática abierta con España ni con la coalición de monarquías europeas por brindar apoyo material a un gobierno insurgente errante que carecía de un puerto de envergadura o de un control territorial consolidado.
Pese a que ciertos comerciantes de Nueva Orleans y simpatizantes independientes mostraron interés en negociar con los emisarios revolucionarios a cambio de concesiones mineras y territoriales, la neutralidad oficial estadounidense cerró las puertas a todo socorro institucional de consideración. Sin navíos de guerra,
sin préstamos de banca internacional y sin suministro masivo de fusiles y pólvora reglamentaria, el destino del proyecto constitucional dependía de forma excluyente de los fusiles que Morelos y sus oficiales pudieran sostener en tierra novohispana.
El Cerco de Manuel de la Concha y la Caída en Temalaca
Informado minuciosamente de la trayectoria de la caravana, el virrey Calleja dispuso un cerco coordinado. Encargó la persecución directa al coronel realista Manuel de la Concha, comandante riguroso al frente de tropas veteranas y unidades de caballería ligera.
Las fuerzas virreinales avanzaron convergiendo sobre los límites de las intendencias de Puebla y México, estrechando los pasos cordilleranos para impedir que la expedición franqueara la cuenca del río Mezcala en dirección a Tehuacán.
El 5 de noviembre de 1815, al aproximarse al poblado de Temalaca, la vanguardia insurgente se topó con el grueso de las columnas realistas. Advertido de que el enemigo maniobraba con rapidez para envolver a la impedimenta civil, Morelos tomó una determinación estratégica crucial.
Ordenó al general Nicolás Bravo que tomara el mando de la custodia del Congreso, de los miembros del tribunal y del archivo de la nación, apurando la marcha para ganar distancia por un sendero alterno.
Morelos asumió personalmente la retaguardia con un puñado de soldados decididos a ganar tiempo. El choque armado en Temalaca resultó rápido y desigual. La infantería insurgente, agotada por las semanas de marcha forzada y con escasez manifiesta de parque, no logró contener las acometidas de las compañías de Concha.
Los defensores fueron desbandados en las laderas pedregosas, y las unidades realistas comenzaron la cacería de los dispersos. En medio del fragor y la polvareda, un oficial realista llamado Matías Carranco,
quien anteriormente había militado en las filas de la insurgencia bajo las órdenes del caudillo antes de desertar y pasarse a las banderas de la Corona, distinguió a Morelos entre los matorrales. Reconocido de inmediato, el jefe insurgente fue conminado a rendirse para evitar ser muerto en el sitio.
Sin posibilidad física ni táctica de escape, Morelos depuso las armas. Había conseguido salvar temporalmente al Congreso a costa de su propia libertad. El 9 de noviembre de 1815, la noticia oficial de la captura arribó formalmente a la Ciudad de México.
El virrey Calleja ordenó repique general de campanas y dispuso que el arzobispo Pedro de Fonte oficiara un solemne Te Deum en la Catedral Metropolitana para celebrar el desmantelamiento militar de la rebelión. De inmediato, se ordenó conducir al prisionero a la capital bajo medidas de seguridad draconianas para asegurar que ninguna partida insurgente intentara un asalto de rescate.
El Juicio de las Dos Espadas
El proceso judicial de José María Morelos no fue concebido únicamente como un sumario castrense, sino como un exhaustivo desmontaje doctrinal, jurídico y eclesiástico de su figura. Para las autoridades virreinales,
Morelos encarnaba la más peligrosa de las desviaciones: la de un ministro de la Iglesia católica que había empuñado las armas contra su monarca legítimo y promovido la soberanía popular. Por consiguiente, fue sometido a tres instancias sucesivas: la jurisdicción militar de la Capitanía General, la causa eclesiástica ordinaria y el tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.
En los interrogatorios militares, Morelos defendió con entereza la legitimidad de sus actos, declarando que la nación americana había ejercido su derecho de autogobierno ante la acefalía provocada por la invasión francesa y la tiranía del régimen absolutista.
Ante los inquisidores, sin embargo, el tono fue punitivo e implacable. Se le formularon cargos de herejía material, de profanar los santos sacramentos celebrando misa con las manos manchadas de sangre,
y de haber propagado ideas subversivas contrarias a los dogmas y a la obediencia debida al soberano temporal. El clímax de esta persecución institucional se verificó el 27 de noviembre de 1815 en el templo de Santo Domingo.
En una ceremonia litúrgica presidida por el arzobispo Pedro de Fonte, Morelos fue sometido a la degradación eclesiástica solemne. Vestido con sotana talar y sobrepelliz, fue conducido ante los prelados. Frente a la mirada de dignatarios virreinales y miembros del cabildo,
le fueron despojadas una a una las vestiduras sagradas, y con un cuchillo o raspador de metal se rasparon simbólicamente las yemas de sus dedos pulgar e índice,
cancelando la unción que le facultaba para consagrar la hostia. Consumada la degradación canónica, el tribunal eclesiástico declaró que el acusado dejaba de gozar del fuero clerical y fue entregado al brazo secular de la justicia militar.
Morelos escuchó la sentencia de muerte por traición a la patria y rebelión con compostura inalterable. Los cronistas de la época consignaron que, a pesar de la rigidez de los interrogatorios y el peso de las cadenas,
el caudillo no suplicó clemencia ni desconoció la validez de los principios representativos proclamados en el Congreso de Anáhuac.
El Paredón de Ecatepec y el Balance Continental
Calleja rechazó ejecutar la sentencia dentro del perímetro de la Ciudad de México por temor a que la presencia del reo en el cadalso provocara tumultos entre las clases populares o desórdenes en los barrios indígenas. Dispuso entonces que el traslado se hiciera al despuntar el alba hacia el pueblo de San Cristóbal Ecatepec, un punto de tránsito hacia el norte de la cuenca lacustre.
El 22 de diciembre de 1815, conducido a la Casa de los Virreyes en San Cristóbal Ecatepec, Morelos fue asistido espiritualmente. Pasadas las tres de la tarde, fue llevado al muro exterior del recinto.
Tras vendarse los ojos y arrodillarse de cara a la tapia de piedra, un pelotón de soldados realistas abrió fuego. La muerte del 'Siervo de la Nación' liquidó la estructura de mando unificado de la insurgencia y clausuró definitivamente la segunda etapa de la guerra de independencia novohispana.
La tragedia mexicana de diciembre de 1815 no constituía un fenómeno aislado, sino la culminación de un ciclo de retrocesos sincronizados para las armas libertarias en toda la América española. Pocas semanas antes, el 29 de noviembre,
las tropas patriotas de las Provincias Unidas del Río de la Plata sufrieron un quebranto catastrófico en la batalla de Sipe Sipe —también conocida como Viluma— frente a las fuerzas realistas del Alto Perú, perdiendo el control del altiplano y replegando sus líneas hacia el noroeste argentino.
Simultáneamente, en las costas de la Nueva Granada, la expedición pacificadora del general español Pablo Morillo completaba el cerco naval y terrestre sobre Cartagena de Indias. Tras más de tres meses de asedio brutal marcados por la hambruna y las epidemias,
la plaza fuerte cayó en poder realista el 6 de diciembre de 1815, iniciando la reconquista casi total de la actual Colombia y Venezuela. Hacia el cierre de aquel año fatídico, la causa republicana en el continente parecía desmoronarse en casi todos sus frentes.
En la Nueva España, el Supremo Congreso, ya sin el escudo militar de Morelos, terminaría por disolverse en medio de pugnas internas entre sus propios jefes militares. La lucha por la soberanía quedó fragmentada en núcleos locales de guerrilla comandados por figuras irreductibles como Vicente Guerrero en las sierras del sur y Guadalupe Victoria en las selvas de Veracruz.
La guerra regular cesaba; comenzaba la larga etapa de resistencia que habría de prolongarse hasta la siguiente década.
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Fuentes
- Del Arenal Fenochio, Jaime. Cronología de la Independencia (1808-1821). INEHRM, 2011. — https://inehrm.gob.mx/recursos/Libros/Cronologia_Independencia.pdf
- Gobierno de México. 5 de noviembre de 1815: José María Morelos y Pavón fue capturado en Tezmalaca, Pue. — https://www.gob.mx/defensa/documentos/5-de-noviembre-de-1815-jose-maria-morelos-
- Wikipedia contributors. 1815. — https://es.wikipedia.org/wiki/1815
- Wikipedia contributors. Anexo:México en 1815. — https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:M%C3%A9xico_en_1815
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