1812: El fuego del sur y el cerco roto
En este episodio de 'Historia política de México, año por año', analizamos los cruciales meses de mayo a agosto de 1812. Examinamos la evacuación insurgente del Sitio de Cuautla encabezada por José María Morelos, la creciente enemistad entre el virrey Francisco Xavier Venegas y el brigadier Félix Ma
▶ Ver este video en YouTube y suscríbete
Apertura: La noche de Cuautla
A principios de mayo de 1812, el destino de la insurrección novohispana parecía pender de un hilo en los callejones calcinados de Cuautla. Tras más de dos meses de cerco ininterrumpido bajo las baterías del brigadier Félix María Calleja, el hambre,
las epidemias y la sed habían llevado a las tropas de José María Morelos al límite absoluto de sus fuerzas. El cerco realista parecía infranqueable, pero la madrugada del dos de mayo de 1812 los defensores decidieron jugarse el todo por el todo en una salida desesperada y silenciosa.
Aquella maniobra no solo definiría la supervivencia de los cuadros militares más disciplinados del movimiento insurgente, sino que desataría una violenta sacudida política en el corazón mismo del poder virreinal.
El poder virreinal en tensión
En la Ciudad de México, el virrey Francisco Xavier Venegas observaba con creciente zozobra el curso de la guerra en el centro y sur del virreinato. Aunque la propaganda virreinal insistía en que la rebelión estaba casi sofocada tras la dispersión de la Junta de Zitácuaro a principios de año,
la realidad mostraba que las guerrillas continuaban bloqueando caminos reales y aislando intendencias enteras. La tensión entre Venegas y Félix María Calleja, el militar más experimentado y respetado por la élite española, llegó a un punto crítico tras los meses estancados frente a Cuautla.
Calleja recriminaba la escasez de auxilios y pertrechos enviados desde la capital, mientras el virrey temía el enorme ascendiente político y la ambición del brigadier sobre la administración civil y militar del reino.
A este conflicto en la cúspide se sumaba una medida extrema: el veinticinco de junio de 1812, Venegas promulgó un decreto que declaraba reos de jurisdicción militar a todos los ciudadanos que apoyaran la insurgencia, sin importar rango ni fuero,
alcanzando directamente a los eclesiásticos rebeldes. Esta disposición provocó de inmediato un enérgico rechazo entre miembros del alto clero novohispano, que consideraban violada la tradicional inmunidad canónica de los sacerdotes.
Lejos de apagar el fuego, la imposición del fuero castrense sobre los clérigos fue aprovechada hábilmente por líderes religiosos insurrectos como José María Morelos y Mariano Matamoros para denunciar el despotismo del régimen y atraer nuevos simpatizantes.
Hombres de hierro en el Bajío y el Sur
Mientras en el centro se dirimía el destino de Cuautla, en el occidente del país las autoridades virreinales continuaron su política de castigo implacable contra los antiguos cabecillas. El veintitrés de mayo de 1812 fue ejecutado en Guadalajara don José Antonio Torres, 'El Amo', célebre por haber tomado la capital neogallega para Hidalgo en 1810.
Torres fue ahorcado, decapitado y descuartizado, y sus restos permanecieron expuestos durante cuarenta días en los accesos de Guadalajara como escarmiento para la población. Con ello, las autoridades coloniales buscaban extirpar de raíz cualquier simpatía latente hacia la insurrección en la Nueva Galicia.
Simultáneamente, emergían figuras realistas que marcarían los años venideros por su eficacia implacable en el campo de batalla. En Guanajuato, el joven oficial Agustín de Iturbide consolidaba su prestigio combatiendo a las partidas regionales; el veinticinco de julio de 1812 derrotó en Yuriria a las fuerzas insurgentes combinadas de José María Liceaga y el clérigo José María Cos.
En el bando patriota, la mancuerna entre José María Morelos y sus lugartenientes Hermenegildo Galeana y Mariano Matamoros mostraba un nivel de articulación y temple que desconcertaba al ejército virreinal,
demostrando que la sublevación ya no era una multitud desordenada, sino cuerpos de línea capaces de maniobras complejas.
De Cuautla a Huajuapan: La guerra de asedios
La madrugada del dos de mayo de 1812, los insurgentes burlaron las líneas sitiadoras en Cuautla tras setenta y tres días de combate continuo. La columna patriota logró abrirse paso en medio de la confusión y el fuego enemigo, aunque durante la dispersión cayó prisionero el veterano insurgente don Leonardo Bravo.
El dieciséis de mayo, Calleja entró en la Ciudad de México exhibiendo a Leonardo Bravo como trofeo bélico y presentándose como pacificador triunfante. Sin embargo, para la mirada de los contemporáneos y del propio virrey, el resultado real era amargo: Morelos no había sido aniquilado y su ejército conservaba intactos a sus mejores mandos.
Tras reponerse y sumar tropas en Chiautla y Chilapa, Morelos no tardó en retomar la iniciativa estratégica. El veintiocho de mayo de 1812, sus fuerzas asestaron un duro golpe a los destacamentos realistas en la batalla de Escamela, en la región orizabeña del actual estado de Veracruz.
Pero el drama de la guerra de asedios aún tenía otro epicentro en la Mixteca oaxaqueña, donde el coronel insurgente Valerio Trujano resistía tenazmente en Huajuapan. Cercado por tropas realistas comandadas por Régules y respaldadas abiertamente por el obispo de Oaxaca Antonio Bergoza y Jordán, Trujano mantenía a raya al enemigo en condiciones desesperadas.
Enterado del peligro que corría Trujano, Morelos marchó a marchas forzadas con el grueso de su ejército hacia Huajuapan. El veintitrés de julio de 1812, las tropas de Morelos embistieron a los sitiadores,
destrozaron las líneas realistas y pusieron fin a un asedio de ciento once días, el más largo registrado en toda la guerra de independencia. Tras el resonante triunfo, Trujano fue ascendido al grado de coronel por Morelos, y las fuerzas insurgentes tomaron rumbo hacia Tehuacán,
consolidando una posición inmejorable para amenazar tanto las comunicaciones del centro como el camino hacia la rica e influyente ciudad de Oaxaca.
Campos arrasados y economía de sitio
Los meses de verano de 1812 profundizaron la parálisis económica en los valles centrales y las costas novohispanas. La concentración de tropas en sitios prolongados como los de Cuautla y Huajuapan implicó la confiscación forzosa de cosechas, ganado y mulas de transporte en pueblos enteros.
El comercio por los caminos reales hacia Veracruz continuaba profundamente perturbado. Pese a los falsos temores de que Morelos pretendía asaltar directamente el puerto jarocho,
la constante presencia de partidas guerrilleras en las cumbres de Maltrata y las cercanías de Orizaba bastaba para encarecer los suministros y cortar la recaudación de alcabalas del fisco virreinal.
Ecos de ultramar e incertidumbre política
A lo largo de estos meses estivales, las autoridades de la Nueva España aguardaban con profunda inquietud la llegada oficial y la orden de publicación de la flamante Constitución Política promulgada por las Cortes de Cádiz en marzo.
En los despachos virreinales, el texto representaba una grave encrucijada jurídica. El dilema resultaba mayúsculo: la Constitución de Cádiz abolía el absolutismo, establecía la libertad de imprenta y creaba ayuntamientos constitucionales electos popularmente.
Para administradores como el virrey Venegas, aplicar semejantes libertades ciudadanas en un territorio incendiado por la guerra civil equivalía a entregarle tribunas legales y políticas a los propios simpatizantes de la insurgencia.
El mundo en 1812: Conflagración global
Mientras en la Nueva España se libraban las batallas de Escamela y Huajuapan, el resto del planeta experimentaba transformaciones decisivas. El dieciocho de junio de 1812, el Congreso de los Estados Unidos declaró la guerra al Reino Unido,
desatando la llamada Guerra de 1812 y amenazando la hegemonía naval británica en América del Norte. Apenas unos días más tarde, el veinticuatro de junio,
Napoleón Bonaparte cruzaba el río Niemen e iniciaba la invasión del Imperio ruso al mando de su monumental Grande Armée de más de seiscientos mil hombres. La aventura rusa absorbería por completo la atención militar de las grandes potencias europeas.
En la península ibérica, la balanza de la Guerra de la Independencia comenzó a inclinarse contra los franceses. El veintidós de julio de 1812, las tropas angloportuguesas comandadas por el duque de Wellington derrotaron contundentemente a los invasores en la batalla de los Arapiles,
abriendo las puertas para la liberación temporal de Madrid en agosto. En Sudamérica, en cambio, la causa patriota sufría un durísimo revés. El veinticinco de julio de 1812,
Francisco de Miranda firmó en San Mateo la capitulación de las armas patriotas frente a los realistas, consumando el colapso de la Primera República de Venezuela y devolviendo transitoriamente el territorio a la corona.
Mito vs. historia documentada
En la memoria popular mexicana, el Sitio de Cuautla suele ser recordado como una contundente victoria militar insurgente donde las tropas virreinales fueron humilladas y dispersadas. Sin embargo, la documentación histórica muestra un escenario mucho más desgarrador y complejo.
Los partes de guerra confirman que Morelos tuvo que abandonar la plaza porque sus hombres estaban al borde del exterminio físico por inanición y brotes epidémicos. La evacuación nocturna conllevó numerosas bajas y la captura de figuras claves, aunque la verdadera derrota fue política para Calleja,
quien no pudo decapitar a la insurrección a pesar de empeñar a las tropas de élite del virreinato.
Consecuencias y pago del hook
Hacia finales de agosto de 1812, el panorama de la Nueva España se había reconfigurado por completo. La ruptura del sitio de Cuautla y el fulgurante socorro de Huajuapan respondieron a la pregunta planteada al inicio: un ejército cercado no necesitó una victoria campal para cambiar el curso de la historia,
sino la destreza para sobrevivir y dispersarse sin perder su cohesión. El precio para las autoridades de la capital fue devastador.
La cúpula virreinal quedó irremediablemente dividida: Félix María Calleja fue relevado de la jefatura de operaciones en el centro del país y confinado a la comandancia de la Ciudad de México ante el pánico a un ataque directo. Mientras tanto, Morelos establecía su cuartel general en Tehuacán con un ejército fortalecido, veterano y con la moral renovada.
La insurgencia había demostrado que el dominio español en el centro y sur ya no podía restablecerse por la sola vía de las armas convencionales, justo en el momento en que las ideas liberales de Cádiz estaban a punto de desembarcar en el virreinato.
Sigue viendo
Fuentes
- Del Arenal Fenochio, Jaime (2011). Cronología de la Independencia (1808-1821). INEHRM — https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:M%C3%A9xico_en_1812
- Wikipedia — Anexo:México en 1812 — https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:M%C3%A9xico_en_1812
- Wikipedia — Sitio de Cuautla — https://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Cuautla
- Wikipedia — Constitución española de 1812 — https://es.wikipedia.org/wiki/Constituci%C3%B3n_espa%C3%B1ola_de_1812
- Wikipedia — José María Morelos — https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Morelos
- Wikipedia — 1812 (es) — https://es.wikipedia.org/wiki/1812
- Wikipedia — 1812 (en) — https://en.wikipedia.org/wiki/1812
OKpolítico